viernes, 25 de noviembre de 2011

Presentan la Nueva gramática básica de la lengua española

Presentan la Nueva gramática básica de la lengua española
22-11-2011 / 23:30 h

Panamá, 23 nov (EFE).- La Nueva gramática básica de la lengua española fue presentada hoy, por primera vez en Latinoamérica, en el XIV Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua (ASALE), que se celebra esta semana en la capital panameña.

La publicación es una obra académica concebida de forma didáctica y accesible y que resume las normas y principios básicos del idioma de Cervantes, según destacaron hoy los participantes en el encuentro, que reúne en un hotel de Panamá a un centenar de miembros de las 22 academias que conforman esta agrupación.

El coordinador de la Nueva gramática básica, Salvador Gutiérrez Ordoñez, declaró a Efe que si bien el lanzamiento de esta obra tuvo lugar en Madrid el 27 de septiembre pasado, la Real Academia Española y la ASALE consideraron que la reunión en Panamá era "un buen motivo" para presentarla a la sociedad hispanoamericana.

Se trata de una obra manejable y dirigida tanto al gran público como a los estudiantes y profesores, a diferencia de las versiones más extensas publicadas en los dos últimos años.

Elaborada con la colaboración de las veintidós Academias de la Lengua, la Gramática básica tiene unas 300 páginas, frente a las 4.000 de su versión extensa, publicada en 2009, y las mil de que consta el Manual de la nueva gramática, editado el pasado año.

"Es una gramática bien ejemplificada, didáctica, simple, accesible y clara, ordenada y pensada para toda persona con una formación gramatical básica", declaró Gutiérrez.

El lingüista agregó que "esos fueron los objetivos que guiaron, primero la planificación y luego la redacción de esta gramática básica", y que cree se logró esa meta.

Pese a que mantiene su rigor académico, es una obra de "amigable lectura, manejable de tamaño, ordenada y lineal, muy intuitiva y ejemplificada, evitando todo tecnicismo que no sea necesario", añadió el responsable de la publicación.

La obra dispone de un índice terminológico que sirve como guía de consulta, incluye numerosos ejemplos para facilitar la comprensión de los conceptos e incluye recomendaciones de usos más correctos.

El académico hispano-peruano Mario Vargas Llosa dijo a Efe que la Nueva gramática básica actualiza la vieja gramática de la lengua española "con los grandes aportes de los últimos años".

Destacó el Premio Nobel de Literatura 2010 la participación de todas las academias hispanoamericanas en su elaboración y dijo que es una obra que "va a ser muy útil para las escuelas" porque es "sumamente didáctica".

"Servirá para unificar mucho una lengua que se caracteriza por su gran variedad", añadió el autor de "La ciudad y los perros". EFE

Fuente: http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=1011016

jueves, 27 de octubre de 2011

martes, 11 de octubre de 2011

Contenidos de la RAE en la Web

Robo una nota de Clarín (versión digital) de hoy.

Saludos,

Inés




Contenidos de la RAE: sigue la polémica
PorGuido Carelli Lynch

El lunes de la semana pasada la Real Academia Española (RAE) cumplió 298 años. Tres días después Clarín informó que la institución estaba intimando a sitios de Internet que comparten enlaces a su popular Diccionario de la Real Academia Española y a otras de sus publicaciones. La presión periodística y el murmullo en los foros de Internet obligó a la RAE a difundir un comunicado en el que recordaba que “El Diccionario y otros recursos académicos son de acceso libre y gratuito en Internet” y que estarían abiertos a recibir peticiones de sitios que quisieran difundir sus publicaciones sin “lucrar” con ellas.




Miembros de las 22 Academias de la Lengua Española –autoras también de muchas obras de la RAE– cerraron filas y manifestaron su acuerdo con la declaración de la institución. Sin embargo, la presión de internautas e investigadores no cesó y algunas academias podrían revisar su posición.



El autor Arturo Pérez Reverte –también miembro de la RAE–, dijo en Twitter que: “Hay una ofensiva de demagogia y política en la Argentina respecto a la RAE y el español”. Javier Marías, en cambio, sólo se manifestó ante la consulta de Clarín y por fax, ya que que no usa computadoras ni Internet. “Me gustaría que esa institución no cobrase por ningún servicio, pero no es una ONG ni una organización gubernamental sufragada con dinero público, aunque cuente con alguna ayuda estatal. Es una institución de carácter privado e independiente y lo fue incluso bajo la dictadura de Franco, a la que era muy difícil y muy arriesgado llevar la contraria”, explicó.



Ricardo Soca, moderador de elcastellano.org –uno de los sitios intimados por la RAE– publicó un petitorio online para que la RAE “ponga los contenidos de su sitio web a disposición de los 450 millones de hispanohablantes”. Ayer tenía 2259 firmas.

viernes, 30 de septiembre de 2011

¡FELIZ DÍA DEL TRADUCTOR!

Hoy: Día internacional de la Traducción

El Dia internacional de la Traducción se celebra cada año el 30 de septiembre, el día de San Jerónimo, el traductor de la biblia que se considera el patrón de los traductores. La celebración ha sido promovida por la FIT (Federación Internacional de Traductores) desde su creación el 1953.

Día internacional de la Traducción

En 1991 la FIT lanzó la idea de un Día Internacional de la Traducción oficialmente reconocido para mostrar la solidaridad de la comunidad de traductores en todo el mundo en un esfuerzo por promover la profesión de traductor en los diferentes países (no sólo en los cristianos). Esta es una oportunidad para mostrar el orgullo de una profesión que se está convirtiendo cada vez más en esencial en esta era de progresiva globalización.

© 2011 Universal Medios

miércoles, 28 de septiembre de 2011

La gramática en formato condensado

Una gramática al alcance de todos

La Real Academia presentó una versión condensada dirigida especialmente a los jóvenes

MADRID (EFE).- Conseguir que los jóvenes hispanohablantes vean la lengua como algo que "les pertenece" y que dejen de mirar la gramática como una disciplina antipática, es uno de los objetivos que hay detrás de la Nueva gramática básica de la lengua española , una obra esencial y didáctica, dirigida "a la inmensa mayoría".

Elaborada por las 22 Academias de la Lengua, la Gramática básica fue presentada ayer en la sede de la Real Academia Española, en un acto presidido por la infanta Elena y al que, para que no quepan dudas de a quiénes va dirigida sobre todo esta obra, asistieron unos 200 alumnos de 15 y 16 años de tres colegios de Madrid, un público insólito en esta institución.

Frente a las 4000 páginas de la versión extensa de la Gramática académica, publicada en 2009, y las mil del Manual que vio la luz un año más tarde, ahora llegan las 305 páginas de la Gramática básica que, como dijo el director de la RAE, José Manuel Blecua, "combinan armónicamente modernidad y tradición" y que, como "sus hermanas mayores", es también normativa

"No se puede pasar a otras ciencias si no es por la puerta de la gramática". Esa frase que Cervantes pone en boca del licenciado Vidrieras fue citada hoy por el académico español Salvador Gutiérrez, responsable de la Gramática básica, al explicar las características de esta nueva obra.

Esta Gramática conserva la doctrina y terminología de la Gramática oficial, así como "su rigor conceptual, su coherencia explicativa y su vocación normativa", pero combina esos valores "con una brevedad descriptiva y con una organización didáctica que la harán más próxima a quienes la consulten", afirmó el responsable de esta obra que aspira a convertirse en "imprescindible" para cualquier hispanohablante.

"A los jóvenes les encanta hablar, usar el idioma, comunicarse, expresarse libremente. Lo que no les suele gustar es «la lengua»", decía hoy Ignacio Bosque, el ponente de la versión extensa de la Nueva Gramática y uno de los mayores expertos en esta materia.

Bosque cree que la culpa de la escasa afición de los estudiantes a la lengua es por una parte de los profesores, que utilizan "terminologías abstrusas que a los alumnos les parecen inescrutables, opacas, arbitrarias, sin apoyo en la realidad".

Los estudiantes tienen la impresión de que lo que les cuentan "no forma parte de su ser ni de su mundo", dijo Bosque antes de señalar a los alumnos como responsables también de esa poca afición a la Gramática.

"Son también responsables porque demasiadas veces pasan por alto el hecho de que hablar y escribir con corrección es una necesidad personal, en lugar de un lujo o de un adorno", afirmó Bosque.

El conocimiento de la lengua ayuda a "analizarnos, ya que las gramáticas son descripciones de la arquitectura del idioma, y la arquitectura del idioma es, en buena medida, el armazón de nuestro pensamiento", subrayó Bosque para desear a renglón seguido a los estudiantes que "ojalá alcancen la íntima y segura convicción de que la lengua les pertenece".

Esta "bella obra, dijo Francisco Javier Pérez, presidente de la Academia Venezolana de la Lengua, le permitirá a los jóvenes "el dominio técnico de la lengua que hablan". "Quiéranla y utilícenla", aconsejó.

La Gramática básica está llena de ejemplos para facilitar la comprensión de los conceptos y recomienda los usos que se consideran más correctos

En recuadros de color diferente se deja claro también lo que es incorrecto.

Así, por ejemplo, las Academias afirman que, fuera de los registros más informales, "es incorrecto utilizar el infinitivo por el imperativo ('«sentarse» en lugar de «siéntense»)", como tampoco es adecuado decir "si tendría (por «tuviera») que volver a elegir, elegiría lo mismo", o "si habría tenido (por «hubiera tenido») que regresar, lo habría hecho".

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1409956-una-gramatica-al-alcance-de-todos

domingo, 4 de septiembre de 2011

Revista Ñ Edición Especial

No sé si tuvieron oportunidad de darse una vueltita por la Revista Ñ, la edición de esta semana está dedicada al español. Voy a ir subiendo los archivos para que queden en nuestro arcón Correctísimo y los podamos ir leyendo a medida que tengamos tiempo.

Vamos con el primero que encontré:

Una lengua para muchos

El valor político y, sobre todo, comercial del castellano se ha instalado en las últimas décadas en el escenario estratégico que comparten España y Latinoamérica. Una y otra tienen objetivos distintos en lo que se presenta como una lucha despareja.

POR JORGE FONDEBRIDER

La lengua es el instrumento del que nos servimos los seres humanos para comunicarnos y fundamentalmente para decirle al otro quiénes somos. En consecuencia, es lícito pensar que nos constituye e identifica.

En este sentido, el castellano o español – en teoría, las dos voces nombran lo mismo, aunque el empleo de una u otra forma parte de una vieja polémica entre España e Hispanoamérica, que no termina de resolverse – debería identificar a unos 500 millones de hablantes, convirtiendo a la lengua en una de las más habladas en el mundo entero. Sin embargo, mal que les pese a los miembros de la Real Academia Española y muchas de las academias hispanoamericanas que le sirven de satélites, no es uniforme, sino de múltiples realizaciones. Y si bien ninguna de éstas es mejor que la otra, hay quien se arroga el derecho de que alguna de sus variedades se imponga por sobre las demás. Como suele suceder en estos casos, la cuestión se resuelve a la fuerza, lo que es decir con una cierta voluntad política y dinero. Se trata, claro de una ilusión como tantas otras, pero su discusión es de la mayor pertinencia.

Consultada por esta revista hace exactamente un año, la crítica literaria argentina Josefina Ludmer señalaba que en los Estados Unidos se había percibido muy bien el giro que España dio en la década de 1990, que fue cuando ese país quiso convertirse en el centro exclusivo y excluyente del castellano. “Es el momento en que España invierte sumas considerables en los departamentos universitarios dedicados a los Latin American Studies y aparece el Instituto Cervantes – decía Ludmer –. Todo lo que se produce en castellano termina pasando por allí, y como ellos son los que financian, acaban siendo los que deciden qué se estudia, qué se investiga, qué circula. En esa estrategia es fundamental el papel que juega Telefónica, ligada al Cervantes”. Y alertaba: “La lengua es como el agua o el aire, uno de los recursos esenciales de nuestro presente y el más estratégico con vistas al futuro. Mientras los españoles ponen el acento en este tema y los reyes van a todos los Congresos de la Lengua, en toda América Latina ni siquiera se está pensando en esto”.

Apenas unos meses antes, de paso por Buenos Aires, Angeles González Sinde-Reig, la ministra de Cultura española, lo decía con todas las letras: la difusión de la lengua española en el mundo es una política de Estado para España. ¿Por qué? La respuesta, puede buscarse en uno de los documentos del Foro de Marcas Renombradas de España, en el Plan Estratégico 2006-2010 y en el Proyecto Marca España. Allí se lee: “La estrategia de imagen de España debe ser un proyecto a largo plazo, un esfuerzo sostenido en el tiempo cuya gestión y responsabilidad se sitúe por encima de la legislatura política. Debe ser un proyecto de Estado, a partir de una estrategia definida que diseñe las distintas acciones a desarrollar, tanto en el aspecto político y comercial como en el cultural. Se ha destacado en este sentido la importancia estratégica de coordinar el esfuerzo de todas las instituciones públicas y privadas mediante un ente que tenga responsabilidad al más alto nivel, que actúe como «Guardián de la marca», con responsabilidad total y absoluta sobre estas cuestiones. En esta misma línea se ha subrayado la necesidad de actuar en el ámbito diplomático sobre las instituciones multilaterales, mediante la creación y desarrollo de lobbies específicos que representen los intereses de la marca España. La coordinación institucional de la imagen de España debe ir acompañada, además, de una estrategia común con el ámbito empresarial, y en especial, con aquellas empresas que ejercen de importantes embajadores de la marca España. La estrategia de marca España debe basarse, según se ha sugerido, en una idea dominante (como, por ejemplo, el concepto de prestigio) que pueda ser utilizada por todos los públicos objetivos de la marca España, tanto en el sector turístico, el empresarial, el cultural o el político. Pero sobre todo, debe establecerse una relación importante entre la marca España y el concepto globalizador de la lengua española, como uno de los principales atributos de la marca España”.

En síntesis, el castellano es una lengua con variantes propias en cada región donde se habla. Ordenar y administrar ese uso a través de gramáticas, diccionarios y sistemas de enseñanza tiene, por cierto, un valor estratégico tanto político como económico, sobre todo cuando se calcula que es una de las lenguas con mayor crecimiento en el mundo. Los temores de Josefina Ludmer – plenamente justificados – ya alertaron a argentinos y mexicanos, quienes sin enfatizar ni en la “defensa” ni en la “promoción”, buscan afirmar la propia identidad lingüística respetando las otras lenguas de la región. Dicho de otro modo, la Argentina y México no plantean una versión propia del Instituto Cervantes, sino otra propuesta, otra idea, otras metas. Así, se trata de dos modelos enfrentados que, con distintos recursos, plantean una lucha en las que todos los hablantes, sabiéndolo o no, intervenimos diariamente.

Quizás a la luz de estas cuestiones resulte entonces oportuno pensar de quién es el castellano y de qué manera, conjuntamente, podría administrarse mejor, pregunta que Ñ le ha formulado a filólogos, lingüistas, académicos, traductores y escritores de varias de las provincias de la lengua castellana a uno y otro lado del mar. A continuación, sus respuestas.

Fuente: http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/El_Castellano-una_lengua_para_muchos_0_547745228.html. Consultado: 4 de septiembre de 2011.


viernes, 22 de julio de 2011

El sano oficio de traducir

Nota de tapa / Un oficio delicado

Palabra de traductor

Quienes traducen al castellano libros escritos en otras lenguas deben hundir el bisturí en materia sensible: cualquier traspié le resta sentido o belleza al conjunto. El trabajo es complejo y no está bien recompensado

Viernes 22 de julio de 2011
Palabra de traductor

Por Anna-Kazumi Stahl
Para LA NACION

Un antropólogo cultural japonés me dijo una vez que las formas de diversión popular que se vuelven masivas en su país, aun cuando parezcan modernas y occidentales, mantienen una conexión con rituales antiguos, muchas veces espirituales. Cuando a ese pensador, que escribió sobre los lazos entre la modernidad manifiesta y una antigüedad menos visible pero presente, le propusieron traducir sus textos a lenguas occidentales, lo rechazó sin vacilar. Me sorprendió esa actitud cerrada en un intelectual dedicado a relacionar lo primitivo con la vida contemporánea, que había participado en proyectos académicos en Francia y en Canadá y que, sin embargo, insistía en que cualquier versión en un idioma occidental distorsionaría lo que él había formulado desde su sensibilidad japonesa. Sus obras se pueden leer en mandarín, pero no en inglés; en coreano y en bengalí, pero no en francés, un idioma que el propio autor domina.

Le dije que me parecía contradictoria su opinión de que se puede traducir de una lengua occidental al japonés, pero no del japonés a una lengua occidental. Él sostuvo que los escritores japoneses han puesto gran esfuerzo en lograr cambios en el idioma propio para poder conllevar la mentalidad occidental, pero que los occidentales no han hecho lo mismo. Terminó por dirigirme una mirada tan fija que me sentí en falta por haber dudado de lo que él decía.

¿Hay un "esfuerzo" que a los occidentales nos falta hacer? ¿No hemos leído, traducidos a todas las lenguas, a los grandes autores de la literatura universal? ¿No estamos viviendo en la era de la globalización? La producción de material de lectura va en aumento. Las estadísticas de la Unesco dicen que se publica un 25% más de libros hoy que hace 25 años y que la era digital sólo acelerará esta tendencia.

El intercambio de ideas ha dado un viraje, visible en las cantidades de libros que cruzan fronteras: en los años setenta la mayoría de los libros viajaba entre países de habla común, por ejemplo, de Alemania a Austria y a Suiza. A partir de los años noventa, y cada vez más, los libros salen, en su mayoría, de Estados Unidos y de Inglaterra y son traducidos después a decenas de idiomas distintos.

Un informe accesible en Internet aporta una visión esclarecedora de la situación. Se trata de "La extraducción en la Argentina: 2002-2008", de la fundación Teoría y Práctica de las Artes (TyPA). Comienza por registrar este dato: el inglés es el tercer idioma en cuanto a la cantidad de hablantes que lo usan (el castellano es el segundo), pero ocupa el primer puesto en la producción, la exportación y la traducción de libros, con amplia diferencia sobre los demás idiomas. En la Unión Europea, el 60% de los libros publicados por año fueron escritos originalmente en inglés. El segundo puesto lo ocupan los libros escritos en alemán, con un pobre 14%, y el francés está en la tercera posición, con sólo el 10% de los libros publicados anualmente en Europa. (Estos porcentajes difieren de los citados en el recuadro de Edith Grossman, porque se basan en la lengua de origen, no en el hecho de ser o no traducidos.)

Parece ilógico que un país con larga trayectoria literaria disminuya la producción en su lengua precisamente en esta época de la comunicación. En Polonia, por ejemplo, sólo la mitad de los libros que se publican están escritos en polaco. El resto son obras extranjeras traducidas. Casi el 50% son novedades escritas y publicadas en Estados Unidos. Ahora bien: las estadísticas a veces esconden más de lo que revelan. Volvamos al ejemplo de Polonia: ¿será entonces que al lado de cada libro traducido hay un libro polaco? No, es peor, porque la producción de libros no es lo mismo que su distribución. De lo distribuido, el porcentaje de traducciones ha llegado al asombroso nivel del 85%. En consecuencia, lo que uno encuentra en polaco en las librerías polacas es sólo un 15% del total. Y Polonia no es la excepción: parece ser la regla. Turquía, el país del Premio Nobel Orhan Pamuk y del prodigioso Nazim Hikmet, y Portugal, el país de Pessoa y Saramago, están en condiciones similares. En España, el 24% de las publicaciones anuales son libros traducidos, mayoritariamente del inglés. En Francia, casi el 20%.

Mientras tanto, ¿qué porcentaje de las novedades que aparecen en Estados Unidos y en Inglaterra son traducciones de libros españoles, franceses, turcos, suecos o coreanos? Un pobrísimo tres por ciento. Estados Unidos e Inglaterra llevan ya cincuenta años como los países que más títulos producen, pero muchos más son los años que llevan sin incorporar más de tres obras extranjeras por cada 97 del entorno propio. Tan predominante es el inglés en cuanto a la producción de libros que, por ejemplo, la traducción al español de literaturas más distantes depende de que primero se traduzcan al inglés. Yasunari Kawabata llega a nuestro idioma por medio de la traducción inglesa.

Gabriela Adamo, encargada de la sección literatura para TyPA y fundadora de programas anuales que desde hace nueve años tienden puentes para conectar a editores extranjeros con traductores y autores locales, dice que no todas las noticias son malas: el inglés, como lingua franca para académicos e idioma líder en cantidad de lectores (aunque tercero en cantidad de hablantes, después del chino mandarín y el español), puede ser una puerta de entrada para la difusión de una obra en diversas lenguas. Aun así, nadie niega que, como puerta, tiene llave y cerradura y apenas una mirilla en lo alto.

Cervantes ha dicho: "El que lee mucho y anda mucho ve mucho y sabe mucho", pero ¿qué pasa con aquel que puede andar mucho pero no puede leer más que el tres por ciento? En la última década, aunque las cifras no han cambiado, aparecieron tendencias positivas. Después del atentado del 11 de septiembre de 2001, la cantidad de universitarios estadounidenses que estudian en el extranjero aumentó un 250%. Se interpreta que ésa es una respuesta a la necesidad del estadounidense de salir al mundo y experimentar otras maneras de pensar y de vivir. Para salvar la brecha cultural se recomienda saltarla: viajar, ver y aprender, comunicarse y compartir. De ese modo, el pensamiento hegemónico puede democratizarse, humanizarse, enriquecerse.

Lectores con microscopios

Un escenario así reactualiza la importancia de los traductores. Sin embargo, ¿a cuántos conocemos, a cuántos podríamos nombrar? ¿Cuántos recuerdan que hay un santo de la traducción? (San Jerónimo, cuya versión al latín de la Biblia, previamente traducida al griego para su inclusión en la legendaria Biblioteca de Alejandría, costó años de minucioso trabajo.) Y si sabíamos que aquel Jerónimo fue el autor de la Vulgata latina, ¿recordamos también que su tarea le costó el cargo que tenía y que tuvo que terminarla en el exilio? No sería exagerado decir que los primeros traductores de los textos sagrados judeocristianos a otros idiomas se jugaron el pellejo.

Las primeras versiones de la Biblia en inglés fueron hechas por hombres píos y estudiosos, y a más de uno le costó la vida: en el siglo XIV, Wycliffe fue a parar a la hoguera; en el XV, Tyndale fue ahorcado e incinerado después. No es una hipérbole afirmar, como Emily Apter, de New York University, la autora de The Translation Zone: "La traducción es una zona de guerra".

El traductor hace su valiosísima labor en silencio y fuera de la vista de todos. Es casi como un ventrílocuo o un médium. La suya no es una tarea fácil ni mecánica. Desde niña me encanta zambullirme en las páginas de un buen libro y puedo leer en varios idiomas. No sería raro suponer que podría traducir literatura. No obstante, despues de haber probado con una novela, luego con otra y haber fracasado abominablemente, percibí que la traducción tiene más que ver con los modos misteriosos del arte que con el ágil saber de los gramáticos.

César Aira, narrador extraordinario y también traductor, describe a los traductores literarios como "lectores con microscopio", porque deben leer con una sensibilidad muy fina y precisa. Borges, que durante toda su vida hizo traducciones, solía decir que el traductor crea una obra literaria nueva que puede incluso superar la obra original, y felicitaba a su traductor al inglés, Norman Thomas di Giovanni, por haber mejorado sus cuentos. Vladimir Nabokov pensaba que, de su extensa producción, las dos obras que serían más recordadas eran la novela Lolita y la traducción que hizo de Eugene Onegin, la novela en verso de Pushkin, en la que trabajó diez años, más del doble que en la elaboración de cualquiera de sus 19 novelas.

Marcelo Cohen, que comenzó como traductor literario y es hoy uno de los narradores más innovadores e influyentes de su generación, insiste en que los del oficio merecen mayor reconocimiento. Opina que ser traductor y ser escritor son actividades relacionadas pero tan diferentes como tocar una partitura de otros y componer música propia.

Esa hermosa analogía me ha provocado un pensamiento que redobla mi consternación. ¿Por qué, mientras que en un disco (una sinfonía de

Mahler, por ejemplo) los nombres de la orquesta, su director y sus principales solistas aparecen en la tapa y en grandes letras, en una novela rusa, alemana o japonesa hay que buscar en el rincón superior izquierdo de la página tres para dar con el nombre, impreso en letra pequeñísima, de quien la ha traído a nuestro idioma? De nuevo pienso en la condición del traductor literario, olvidado, obviado, un artista tan capaz como invisible.

Walter Benjamin, filósofo y traductor, aclaró en el prólogo a su versión de los poemas de Baudelaire: "La verdadera traducción, transparente, no oculta el original, no le hace sombra, sino que deja caer en toda su plenitud sobre él el lenguaje puro, como fortalecido por su mediación". Aquel lenguaje puro recuerda la leyenda de la Torre de Babel y el castigo de Dios: la división de las lenguas. ¿Será entonces la traducción el arte que podría restituir aquella condición originaria de mutua comprensión y convivencia pacífica que alguna vez experimentó la humanidad?

Hoy, nadie diría que la traducción goza de un aura legendaria, pero sí que debemos una profunda admiración a los traductores-artistas por acercarnos la literatura, que es abrirnos el mundo y permitirnos el acceso a obras que van desde el poema de Gilgamesh (del segundo milenio a.C.) hasta 1984. Se trata de cruzar fronteras. Hoy los japoneses leen Sobre héroes y tumbas por el esfuerzo y la pasión de un tal Tetsuyuki Ando. Y los alemanes leen al keniano Ngugi wa Thiong'o por la cooperación entre ese autor y la traductora Susanne Koehler.

A veces ni siquiera nos damos cuenta de cuán dinámico es el trabajo del traductor. Una anécdota local, de ambientación porteña, nos servirá de ilustración. En 1947, el polaco Witold Gombrowicz, varado en la Argentina cuando irrumpió la guerra, hizo la primera traducción de su novela Ferdydurke al español (que luego publicó la editorial Argos) en condiciones que tal vez sorprendan: en bares de la calle Corrientes, sin dominar el idioma local, con asesores que no hablaban polaco y sin diccionario polaco-español. Los supervisores eran los escritores cubanos Virgilio Piñera y Humberto Rodríguez Tomeu. Pero el autor también escuchaba las opiniones de otros compañeros de ajedrez y de copas. Gombrowicz usó aquella primera versión en castellano rioplatense para hacer la traducción francesa, que encaró con un francés, Roland Martin. Nacida a los grandes idiomas occidentales con un procedimiento tan poco ortodoxo, esa novela, con tanta circulación internacional, fue prohibida en el país del autor durante casi 30 años, a raíz de la censura política. Hoy Ferdydurke es de lectura obligatoria en las escuelas de Polonia.

Tienen la palabra

Se ha dicho muchas veces que el traductor literario tiene uno de los oficios más ingratos, porque la tarea es ardua y el pago es magro. Ni hablar del reconocimiento, nos grita Vladimir, desde el más allá. La historia lo confirma pero también parece indicar mejorías: en el siglo XIX se empezó a incluir el nombre del traductor en la primera página del libro, junto al título y el nombre del autor. Con cada vez mayor vigor, desde el siglo XX y en la actualidad, actúan asociaciones profesionales, que han logrado avances como convenios internacionales para proteger los derechos de los traductores, subsidios y becas para posibilitar que se hagan más traducciones.

Aun así, esas conquistas todavía no se han extendido a todos los países. Y por supuesto, todavía es posible, acaso común, encontrar una edición de Guerra y paz en que no figure el nombre de quien la ha traducido.

¿Cómo se les podrá reconocer a los traductores el lugar que les corresponde? Más allá de avances como otorgarles derechos y nombrarlos en las fichas legales de las obras, algunas editoriales (pocas, excepcionales), sin que la ley ni el protocolo lo exijan, publican los libros con los nombres del autor y del traductor en la tapa. Un ejemplo es la casa argentina Adriana Hidalgo Editora. Me arriesgo a suponer que ese tipo de gesto no es casual sino que se hace por un compromiso asumido, acaso una ética.

Además, cada vez de modo más directo, los traductores han tomado la palabra. Son muchos los libros de traductores para traductores, pero lo novedoso son textos en los que comparten con nosotros sus aventuras lingüísticas.

Gregory Rabassa, por ejemplo, cuenta en su libro muchas anécdotas sobre los autores que tradujo y Suzanne Jill Levine habla sobre Puig como pocos podrían hacerlo: desde la intimidad de su proceso creativo e intelectual. A Edith Grossman, autora de una excelente versión en inglés del Quijote entrevistada en estas páginas por Hernán Iglesias Illa, pertenece el volumen inicial de una nueva serie que ha sido presentada por Yale University Press: Why Translation Matters (Por qué la traducción importa).

El Club de Traductores Literarios de Buenos Aires (clubdetraductoresliterariosdebaires.blogspot.com), fundado en 2009 por Jorge Fondebrider, organiza conferencias semanales. También están las jornadas y los informes que produce la fundación TyPA, los programas de apoyo que facilitan nuevas traducciones, como el que promueve el gobierno federal a partir del Bicentenario, el Programa Sur, y el programa coordinado por la Unesco y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires desde 2005, Opción Libros, además de decenas de subsidios y becas de embajadas y organizaciones no gubernamentales en todo el mundo.

Hoy por hoy también hay un auge de programas de maestrías en traducción y el tema aparece con más frecuencia en congresos de letras y en ferias del libro. Gabriela Adamo da como ejemplo la actividad de Victoria Ocampo que, desde la revista Sur y la editorial del mismo nombre, sumando el esfuerzo propio y el de muchos colegas, promovió las primeras traducciones de muchas obras europeas al castellano, aun antes de que aparecieran en España.

Adamo enfatiza que el proyecto de traducir más, de permitir el acceso a más literaturas del mundo, depende del esfuerzo de individuos comprometidos. Y de nuestro compromiso en reconocer su esfuerzo.

POR LA VOZ DE MARINA

Selma Ancira es mexicana. Su padre es el actor Carlos Ancira. De chica, Selma pasaba horas en el teatro, jugando entre butacas vacías, mientras los actores ensayaban, y oía la cadencia de los parlamentos de obras escritas por Chéjov y Gogol. A los 17 años ganó una beca para estudiar en la Unión Soviética.

Aunque no tenía intenciones de ser traductora, de quedarse a vivir en aquel país o de hablar el ruso, Selma sí deseba viajar y estudiar en Europa. Así fue como, a los 18 años y sin conocimientos de la lengua, llegó a Moscú, donde pasó nueve años y obtuvo un doctorado en literatura. Ganadora de la medalla Pushkin en 2008 por su trabajo como traductora, Selma también tocaba música y cantaba con otros latinoamericanos en Moscú.

Llegó a viajar por la inmensa nación eurasiática y experimentó las diferencias sutiles en el habla de las subregiones. Se topó, casi por accidente, con la escritura de una poetisa compleja, sensible, apasionada, pero que no era conocida entre lectores en español: Marina Ivánovna Tsvietáieva.

Selma Ancira cuenta que a partir de "oír la voz de Marina" no pudo sino traducirla. De ese modo, hizo visible a una poetisa magistral que ni siquiera los poetas latinoamericanos habían leído.

Ha traducido también obras de Tolstoi, Pasternak, Nina Berbérova y otros. También traduce del griego moderno.

COHEN, COMO QUIEN TOCA JAZZ

Marcelo Cohen dirigió una traducción de las obras completas de William Shakespeare al español para la editorial Norma. Cohen -que ha dicho que cada generación debe retraducir las obras de los maestros- tomó decisiones específicas al definir las pautas del proyecto. Eligió trabajar con poetas, narradores y dramaturgos, más que con traductores profesionales.

Cuando le pregunté por qué, contestó que la traducción tiene que surgir de la actitud que un escritor tiene frente a una obra, con menos lealtad a lo técnico-lingüístico y más al espíritu literario. Había que hacer más controles de los manuscritos, pero se preservaba el vigor (o la ligereza) que uno experimentaba al leer el original.

Al escuchar esto, recordé la traducción que hizo Enrique Pezzoni de la obra maestra de Melville, Moby Dick. Profesores míos en Estados Unidos me habían dicho que, por más que Pezzoni fuera un excelente crítico literario, su traducción de esa novela monumental era fallida. Sin embargo, cuando la leí -en contraste con otras versiones- me impactó con cuánta fuerza la "versión libre" de Pezzoni rescata la actitud briosa, fervorosa y a la vez tensa y cauta del Ishmael de Melville.

Cohen ha traducido obras tan diversas como el Fausto de Christopher Marlowe y La máquina blanda y El billete que explotó, de William Burroughs. Ha llevado al español obras de Henry James, de T. S. Eliot, de Philip Larkin, de Wallace Stevens.

Parece demostrar el dinamismo y la movilidad de la mirada y el oído del traductor: es tan sensible al inglés de Joyce como al portugués de Machado de Assis, y escribe con una notable combinación -yo pensaba que imposible, pero tendré que decir ahora "improbable, infrecuente pero real"- de flexibilidad mercurial y precisión. Es ágil y sorprendente.

Cohen hace pensar que traducir es como tocar jazz.

GARRAMUÑO Y LISPECTOR

Florencia Garramuño es argentina. Crítica y profesora de letras argentinas y brasileñas, publica sobre todo libros y artículos de investigación y análisis en su campo. Pensadora analítica, escribe en un tono que, sin dejar de ser claro y preciso, agrada porque permite entrever la pasión con la que hace sus lecturas. Por eso, supongo, construye su trabajo sobre la base de la empatía. Es capaz de ceder ante un tono ajeno y de moverse a un son diferente. Ha traducido obras de Clarice Lispector. Le pregunté cómo había hecho para abordar una narrativa así, con una lírica tan difícil. Su respuesta me sorprendió, porque, a diferencia de traductores como Ancira o Caistor, Garramuño había quedado fascinada por "la imposibilidad de clasificar" la escritura de Lispector, porque podía "albergar a los más diversos lectores" y propiciar una lectura para todos "liberadora y hospitalaria".

Ella describe el proceso de traducir como "un cuerpo a cuerpo con el texto, un contacto íntimo". La manera de describir el objeto de su trabajo refleja su sensibilidad: la literatura es un espacio generoso, que da amparo y que puede liberar. Junto con la intuición usa la herramienta de la investigación. Así como Caistor dice que traduce no al autor sino el texto, Garramuño indica que se traduce también el entorno que produjo aquel texto: la historia cultural y literaria ayudan a afinar el oído de la traductora.

EL SONIDO DEL HAIKU

Alberto Castro Silva es argentino, poeta galardonado en su propio idioma y profesor de literatura japonesa con una trayectoria de enseñanza en Europa, Japón y la Argentina. Traduce directamente del japonés al español, algo que pocos hacen, por lo difícil que es la lengua japonesa, lo complejo de la expresión escrita y la multiplicidad de insinuaciones que puede provocar, por idiosincrasia cultural, por el uso de ideogramas y por un léxico rico en homófonos, terreno fértil para los juegos de palabra. Respetuoso de la traducción (y la lectura) como proceso colectivo, en su antología de poemas japoneses traducidos al español -El libro de haiku (Bajo la luna)- nombra a las japonesas que le revelaron sutilezas del idioma. Los poemas incluidos abarcan varios siglos. Las selecciones se agrupan de acuerdo con las estaciones del año, un gesto de respeto a las pautas inherentes al haiku. Silva ha incorporado hasta en la organización del libro el estilo y el pensamiento ajenos. De hecho, buscó y encontró su propia voz de poeta, porque imitaba la escritura de diversos otros. Convirtió aquello que normalmente hace un traductor en un camino hacia la voz propia. Silva dice que no puede imaginarse traduciendo poesía sin, a su vez, escribir poesía. Creo que más que trazar paralelos entre escribir y traducir, sugiere así que ambas actividades surgen de una misma actitud vital: una actitud atenta al sonido, permisiva y paciente con la repetición, la escritura y la reescritura que, como él dice, no es otra cosa que vivir "el placer de buscar el tono justo".

UN INGLES DE PROVINCIA

Nicholas Caistor ha hecho traducciones literarias del español y del portugués para editoriales importantes, como Faber&Faber, Harvill Press y New Directions, renombrada por su firme compromiso de hacer llegar la literatura extranjera a los angloparlantes. Su perspectiva de trabajo es muy interesante porque no proviene de los estudios literarios, no es novelista ni poeta, sino que fue periodista de la BBC en América latina. Vivió muchos años en Buenos Aires. Considera esencial que el traductor capte no sólo la manera de hablar, sino también los modos de vida de los integrantes de una comunidad. Para hacer sus traducciones -ha traducido a Saramago, a Onetti, a Dorfman, al nicaragüense Sergio Ramírez, a la argentina María Martoccia- le resulta importante haber vivido en los lugares, haber comprendido algo de la política, las hegemonías y las idiosincrasias.

Enfatiza su opinión de que se traduce un texto, no a un autor. Cree que es menos importante "oír" al autor que al entorno en el que creó su narrativa.

Un detalle me pareció también fundamental. Caistor dice que, por ser un inglés de provincias y no un londinense, la idea de vivir en parte dentro de otro idioma siempre le resultaba una atrayente vía de salida, de liberación, para poder escaparse y tomar aire de otros horizontes.

viernes, 15 de julio de 2011

¿Será Internet nuestro nicho de mercado...?

Esta noticia apareció el 14 de julio en Clarín (ojo, le faltaría alguna que otra comita, alguna cursiva...).

La mala ortografía puede afectar las ventas por Internet

14/07/11 - 23:30

Es la conclusión de un análisis que asegura que los errores ortográficos despiertan dudas sobre la credibilidad y confianza de una página. Esto puede disminuir las ventas en línea hasta un 50%.

La mala ortografía le puede costar millones de libras en el Reino Unido a quienes venden a través de Internet.

Así lo revela un análisis de Charles Duncombe, que revela que las ventas en línea se pueden reducir hasta en 50% debido a los errores de ortografía. El dice haberse sorprendido "por la mala calidad de su inglés escrito".

Duncombe, quien dirige sitios de Internet de viajes, teléfonos móviles y ropa, cree que el gran problema para las empresas en línea no es la tecnología, sino la búsqueda de personal que sepa escribir correctamente.

Esta preocupación también salió a la luz en la Confederación de Industrias Británicas, que advirtió que muchos empleadores tenían que invertir en cursos de ortografía para su personal.

“cuando se vende o se comunica en Internet, el 99% del tiempo se lleva a cabo por medio de la palabra escrita", destaca Duncombe.

“La ortografía es importante para la credibilidad de un sitio web”, dice y asegura: "Tienes unos seis segundos para captar la atención en un sitio web".

Durante el proceso de contratación, Duncombe encuentra demasiadas aplicaciones con errores de ortografía o errores gramaticales.

Para William Dutton, director del Oxford Internet Institute en la Universidad de Oxford, en algunas partes no estructuradas de Internet, como Facebook, hay una mayor tolerancia hacia la ortografía y la gramática.

Pero "hay otros aspectos, como por ejemplo una página de inicio o de una oferta comercial que no es entre amigos, que despierta dudas acerca de la confianza y la credibilidad", dice el profesor Dutton.

"En estos casos, cuando un consumidor podría estar preocupado por el spam o el phishing, una palabra mal escrita podría ser un problema mortal", asegura.

sábado, 2 de julio de 2011

Curiosidades

Esto se lo robé a mamá de un mail que ella mandó y me gustó para compartirlo.

Besos,


Entre los matices que distinguen a la lengua española figuran en un sitio relevante las curiosidades. Pongo de muestra un caso de acentuación. Aqui se trata de una oración en la cual todas sus palabras - nueve en total - llevan tilde. Ahí les va:
«Tomás pidió públicamente perdón, disculpándose después muchísimo más íntimamente».

A lo mejor una construcción forzada, pero no deja de ser interesante.
Y disfruten este:
La palabra oía tiene tres sílabas en tres letras.
En aristocrático, cada letra aparece dos veces.

El término arte es masculino en singular y femenino en plural.
En la palabra barrabrava, una letra aparece una sola vez, otra aparece dos veces, otra tres veces y la cuarta cuatro veces.
En el término centrifugados todas las letras son diferentes y ninguna se repite.
El vocablo cinco tiene a su vez cinco letras, coincidencia que no se registra en ningún otro número.
El término corrección tiene dos letras dobles...

Y este otro grupo:

Las palabras ecuatorianos y aeronáuticos poseen las mismas letras, pero en diferente orden.
Con 23 letras, se ha establecido que la palabra electroencefalografista es la más extensa de todas las aprobadas por la Real Academia Española de la Lengua. El término estuve contiene cuatro letras consecutivas por orden alfabético: stuv.

Con nueve letras, menstrual es el vocablo más largo con solo dos sílabas.
Mil es el único número que no tiene ni o ni e.

La palabra pedigüeñería tiene los cuatro firuletes que un término puede tener en nuestro idioma: la virgulilla de la ñ, la diéresis sobre la ü, la tilde del acento y el punto sobre la i.

El vocablo reconocer se lee lo mismo de izquierda a derecha que viceversa.
La palabra euforia tiene las cinco vocales y sólo dos consonantes...

La Palabra Argentino, solo puede ser transformada en ignorante

viernes, 29 de abril de 2011

Clarín.com lanza el diccionario más completo de la Argentina

Clarín.com lanza el diccionario más completo de la Argentina

27/04/11 - 23:31

La versión online de “El gran diccionario de los argentinos” se puede consultar desde hoy en www.clarin.com. Se trata de una obra monumental. Más de 60 personas

Tras el exitoso lanzamiento de sus 18 tomos coleccionables, “El gran diccionario de los argentinos”, se transforma y llega ahora a Internet. Completamente digitalizada, esta descomunal obra está a partir de hoy al alcance de todo el mundo.

Clarin.com lanza el diccionario más completo de la Argentina, un trabajo con más de 40 mil palabras, 80 mil acepciones y 90 mil ejemplos de uso.

Para poder consultar esta obra, un desarrollo de la editorial Tinta Fresca, una empresa de Grupo Clarín, sólo hay que ingresar a clarin.com o a www.clarin.com/diccionario. Luego, colocar el cursor sobre la caja de búsqueda, escribir la palabra deseada y el motor devolverá las respuestas.

La búsqueda se puede hacer por palabra exacta o por un sistema de sugerencias, que ofrece opciones a medida que la persona va escribiendo. Así, antes de terminar de escribir “dinámica”, el diccionario de Clarín.com brindará las siguientes opciones: “dinámico”, “dinamicidad” y “dinamismo”.

Más de 4,5 millones de palabras extraídas de diversas fuentes actuales que van desde libros, revistas, publicidades, hasta páginas de Internet, sirvieron de base para elaborar el diccionario de Clarín.com que contiene además 40 mil lemas (palabras con entrada propia) y 80 mil acepciones (significados diferentes), además de más de 90 mil ejemplos de uso.

Este desarrollo digital ofrece términos de lenguaje cotidiano, palabras provenientes de otras lenguas, neologismos y regionalismos.

El diccionario de Clarín.com es el primero confeccionado enteramente en nuestro país que recoge el español estándar de Argentina.

Los expertos que lo elaboraron no se limitaron a revisar, recortar y adaptar el diccionario de la Real Academia Española ni otro diccionario, sino que crearon uno nuevo en todos sus componentes.

Un equipo de más de 60 personas entre lingüistas, lexicógrafos, correctores, editores, programadores, diseñadores y asistentes trabajó durante tres años para poner en marcha el diccionario de Clarín.com.

Como se trata de una obra digital viva, se actualizará constantemente, incorporará nuevos términos a medida que se sumen al uso cotidiano, como así también, herramientas. Una de ellas será el conjugador de verbos que en breve estará disponible.

NOTAS RELACIONADAS

Cómo utilizar el diccionario online

27/04/11 - 23:42

Cómo acceder

El nuevo diccionario de Clarín.com ya está disponible en Internet. Para poder consultarlo, sólo hay que ingresar en la home de Clarin.com o en www.clarin.com/diccionario y tipear en la caja de búsqueda la palabra o término que se necesita. En microsegundos el motor del diccionario le devolverá al usuario todas las definiciones y acepciones correspondientes.

Los tipos de búsqueda

En el nuevo diccionario de Clarín.com existen distintas posibilidades de búsqueda. Una de ellas es a través de una palabra exacta. Cuando el usuario tiene certeza del término que precisa no tiene más tipearlo en la caja de búsqueda. Para los que no están seguros, existe un sistema de sugerencias automáticas. Así, el diccionario devuelve diferentes palabras que se escriben parecido.

Los números de una obra monumental

40 mil

Son los lemas (palabras con entrada propia) que se pueden consultar en el nuevo diccionario de Clarín.com que ya está disponible en Internet. Se utilizó un corpus de más de 4,5 millones de términos para elegir los más significativos del español que se habla en Argentina.

80 mil
Son las acepciones (significados diferentes) que incorpora esta descomunal obra digital, la más moderna que se haya realizado en la Argentina. En ella trabajaron más de 60 especialistas entre lingüistas, lexicógrafos, correctores, editores, programadores, diseñadores y asistentes.

90 mil
Son los ejemplos de uso de palabras que ofrece el diccionario online. Se trata de una excelente opción para sacarse todas las dudas sobre la utilización correcta de ciertos términos que suelen dar lugar a dudas.

sábado, 26 de marzo de 2011

Librería parisina especializada en textos en lengua española

París en castellano: Alejandro de Núñez y su “Salón del libro”

Por: Marcelo Zapata
Alejandro de Núñez rodeado de público en «El Salón del Libro», algo más que una librería, ya que también funciona como centro cultural y difusor de la literatura argentina/hispanoamericana en París.

París - Dos días después de la clausura del Salon du Livre de París, el foco de la actividad literaria en lengua española, y particularmente argentina, se ha trasladado al Barrio Latino. En el número 21 de la rue des Fossés Saint-Jacques (esa calle curva a la que George Moustaki le dedicó un tema en los años 70) funciona la única librería especializada en español de París, exactamente en el mismo lugar donde Charles Peguy, a principios del siglo XX, editaba su célebre revista «Cahiers de la Quinzaine» donde escribían, entre otros, Romain Rolland y Anatole France.

La librería también se llama «Salón del Libro», aunque en español, y el solar pertenece a la comuna de esta ciudad, que subsidia por ley la existencia de numerosas librerías. «La desaparición de las otras dos librerías parisienses que vendían libros en español contribuyó a que accediéramos nosotros a ese beneficio de la alcaldía», dice a este diario Alejandro de Núñez, titular de la firma. «Hasta hace poco funcionaba una muy conocida, en la rue de Seine, pero su dueña se jubiló y nadie continuó con el negocio. La otra, que se especializaba en literatura Iberoamericana, tuvo problemas de índole inmobiliario y hoy allí hay una casa de ropa».

De Núñez, francoargentino de formación francesa y con unos pocos años de residencia en Buenos Aires durante los 90 (donde fue curador de algunas muestras en el centro Recoleta y el Palais de Glace), ha convertido en poco más de un año y medio a El Salón del Libro en algo más que una librería. En su local se concentra casi la totalidad de la actividad que tiene que ver con la difusión del libro en español en París, se difunden programas vinculados a lo literario, y se reúnen editores, traductores y autores para establecer nuevos contratos y emprendimientos. Durante este mes, llamado el «Marzo porteño», la librería funcionó como sede paralela del Salon du Livre para los autores argentinos.

Periodista: Además del público cautivo de estudiantes, profesores e hispanohablantes residentes, ¿al francés medio le interesa la literatura de autores en lengua española, ya sea en versión francesa u original?

Alejandro de Núñez:
Hay libros que siempre son clásicos, y otros que son una sorpresa. Por ejemplo, «Mafalda», sobre todo en su versión integral, nunca deja de venderse. Pero desde hace un tiempo me sorprende la demanda que está teniendo la antología de cuentos de Felisberto Hernández que publicó Eterna Cadencia. También hay que considerar los libros de autores que vienen a París para presentar una obra, como ocurrió con el cubano Leonardo Padura, o circunstancias como el Nobel a Mario Vargas Llosa, cuyos libros no dejaban de ser requeridos en los meses subsiguientes. Allí me di cuenta de qué pocos franceses conocían a Vargas Llosa, pese a que estuvo traducido desde siempre. Y, desde luego, acá también llega el lector que busca conocer más de una literatura que no sea la francesa. En las grandes cadenas, los autores no franceses están agrupados bajo el rótulo común de «literatura extranjera», lo cual es bastante desequilibrado porque, por ejemplo, John Irving puede llevarse dos estantes enteros.

Borges ya no vende

P.: ¿Borges vende bien?

A.N.:
No, ya no. La gente ya no busca como antes sus obras.

P.: Además del subsidio de la comuna francesa, ¿tiene otros beneficios para llevar adelante la librería?

A.N.:
La importación de libros de editoriales argentinas es viable, porque el acuerdo de la Cámara del Libro de Argentina con DHL permitió reducir de 5 a 1 los gravámenes de importación. Pero eso no ocurre con México, Perú o Colombia, de modo que se hace casi imposible traer libros desde esos países, ya que tendríamos que cobrarlos no menos de 50 euros, lo cual es inconcebible.

P.. Su librería funciona también como plataforma de lanzamiento de autores en español al francés. ¿Cómo se establece esa relación?

A.N.:
Desde nuestro nacimiento mismo, aquí llegan simultáneamente autores a presentar sus obras, editores y traductores. Es raro que un librero mantenga este tipo de relación con esas otras ramas de la industria editorial, y creo que es beneficioso para todos porque permite también acelerar los tiempos de lanzamiento en francés de autores en español, que antes podían llegar a ser muy extensos.

P.: ¿Existen hoy en la televisión abierta programas para difundir el libro como aquellos clásicos «Apostrophes» y «Bouillon de culture» que tuvo Bernard Pívot en los tiempos de Jack Lang?

A.N.: No es como antes, pero tampoco hay que olvidar que la época es distinta. En los años de Pívot no existía Internet, que hoy multiplica en gran medida lo que se veía antes por televisión. Existe un programa llamado «Les grandes librairies» que transmite TF5 y conduce Francois Brunel, pero ya no va a un horario central como antes sino a las 23.

Contrasentido

P.: ¿Forma usted parte de la cadena de libreros independientes Librest, que hoy parece estar cobrando fuerza en París por su manera de competir con las grandes cadenas?

A.N.:
No, no formo parte. En realidad, Librest nació con buenos propósitos como dice usted, entre ellos hacerle frente a la Fnac, pero a la larga está convirtiéndose en otra Fnac. Por ejemplo, la importación de los libros de autores argentinos para el Salon du Livre se hizo a través de Librest, que trajo los libros desde España en lugar de hacerlo desde la Argentina. Eso es un contrasentido. Por ejemplo, la edición de «Mafalda» que se vendió en el Salon du Livre era la española, con las tiras «dobladas» al español de España.

* Enviado Especial
Fuente: http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=574419

viernes, 18 de marzo de 2011

El futuro de Google Translate

Ascenso, apogeo... ¿y caída?

Gracias al cruce de millones de oraciones y billones de palabras, el traductor de Google permite aventurarse en 52 idiomas. Los expertos coinciden en la utilidad de este tipo de herramientas y en sus crecientes posibilidades, pero advierten que aun en las combinaciones de palabras más simples, existe un universo gigantesco de opciones. Y esa es una barrera que los traductores virtuales difícilmente podrán atravesar.

POR Tim Adams


Si uno tradujera la frase más famosa de la literatura, la primera oración de Ana Karenina , del ruso al español con la ayuda de Google Translate, esto es lo que obtendría: “Todas las familias felices se parecen entre sí, cada familia desdichada es desdichada a su manera”.

La traducción, que se aproxima a la mejor versión “humana” de esa oración, parece un triunfo de lo que antes se llamaba inteligencia artificial y ahora, menos ambiciosamente, aprendizaje automático. La computadora puede entender el lenguaje, se nos invita a pensar. Pero pasemos las siguientes frases de Ana Karenina por el sistema y el panorama –además de la gramática– ya no será tan claro.

El resultado es mínimamente comprensible si conocemos el original, pero apenas es legible. Esa discrepancia se debe a una de las sutilezas del sistema de Google que permite a los usuarios interesados mejorar los textos traducidos. Alguien evidentemente tomó la primera frase de la obra maestra de Tolstoi y la corrigió.

Desde que las computadoras fueron una realidad, la posibilidad de usar su poder logístico para derribar las barreras del idioma ha sido una especie de Santo Grial del aprendizaje automático. Los primeros –y fallidos– intentos se basaban en el principio de que todas las lenguas podían descomponerse en dos elementos: un léxico de palabras con significados específicos y un conjunto de normas gramaticales y sintácticas para combinar esas palabras. La Guerra Fría impulsó a los organismos de inteligencia de los Estados Unidos a realizar ambiciosos esfuerzos para comprender el “código” del idioma ruso a escala industrial. El resultado fue básicamente un galimatías.

El primer avance significativo en el potencial de la traducción mecanizada se produjo a comienzos de la década de 1990, cuando IBM creó un modelo que abandonó todo esfuerzo por tratar de que la computadora “comprendiera” el texto que se ingresaba en ella y en cambio abordó la tarea instalando en la computadora las versiones comparadas de la mayor cantidad posible de textos traducidos y haciendo que el sistema calculara la probabilidad de los significados de las palabras y las frases sobre la base de los precedentes estadísticos. El pionero de este enfoque fue Frederick Jelinek de IBM, quien, desconfiando de los modelos basados en analogías con el aprendizaje humano de la gramática, dijo: “Cada vez que echo a un lingüista, el funcionamiento de nuestro sistema mejora”.

Pero unos diez años después, el sistema basado en estadísticas comenzaba a mostrar graves limitaciones, en particular cuando intentaba traducciones de idiomas en los cuales había relativamente poco texto que “aprender” como referencia. Fue en ese momento cuando Google ingresó con fuerza en este campo. El impulso inicial para el traductor de Google se remonta, según cuenta la leyenda empresaria, a una reunión en las oficinas de la compañía en California celebrada en 2004. Uno de los fundadores del motor de búsqueda, Sergey Brin, había recibido una carta elogiosa de un usuario de Corea del Sur. Brin entendía que el mensaje destacaba la innovación de su empresa pero, cuando pasó la carta por el servicio de traducción mecanizada del que Google tenía la licencia en aquel momento, el resultado fue: “El pescado crudo en tajadas zapatos desea. ¡Google algo cebolla verde!” Brin consideraba que Google debía tener la capacidad y la firme decisión de mejorar ese despropósito. Desde entonces, con la ampliación de sus intereses globales, el servicio gratuito Google Translate ha evolucionado e intenta traducciones instantáneas de 52 idiomas y es utilizado decenas de millones de veces por día para traducir páginas web y otros textos. Además, ofrece un “kit de herramientas” para que los hablantes de lenguas más marginales puedan crear sus propios servicios.

Las importantes mejoras que Google ha introducido en estos años se basan casi enteramente en su acceso único a enormes cantidades de textos traducidos, miles de millones de oraciones y billones de palabras, que pueden ser revisados para buscar coincidencias en segundos. Buena parte de esos datos proviene de transcripciones de las reuniones de las Naciones Unidas, que habitualmente son traducidas por seres humanos a seis idiomas, y de las del Parlamento Europeo, que se traducen a 23 lenguas.

Google ha incorporado texto de su gran proyecto de escaneo de libros y de otras fuentes de Internet para sumar aun más elementos a esa base de datos sintácticos. (En esto, supera a sus principales rivales en la traducción, Bing de Microsoft y Babel Fish de Yahoo, que se basan más o menos en los mismos principios.) Como empresa, Google acostumbra poner de relieve las posibilidades de este esfuerzo. Este año, por ejemplo, anunció que la herramienta de traducción iba a combinarse con una aplicación de análisis de imágenes que permitiría a una persona tomar con el celular la foto de un menú en chino y recibir una traducción instantánea al inglés. Este verano boreal, sugirió que utilizaría tecnología de reconocimiento de voz para generar subtítulos en los videos de YouTube en inglés, que entonces podrían ser inmediatamente doblados a otros cincuenta idiomas.

“Esta tecnología puede hacer desaparecer la barrera idiomática”, señaló Franz Och, que dirige el equipo de traducción mecanizada de Google. “Permitirá que cualquiera se comunique con cualquiera.” Esa promesa utópica es seductora. En su último libro, The Last Lingua Franca , Nicholas Ostler, presidente de la Foundation of Endangered Languages, afirma que los motores de traducción como los de Google llegarán a liberar al mundo de la necesidad de aprender los idiomas dominantes, como el inglés, y fortalecerán la diversidad lingüística. Ostler me dijo que estaba convencido de que estos cambios son inevitables: “El futuro es fácil de predecir, aunque no se sabe cuándo ocurrirá”.

Pese a hablar bastante fluidamente 26 idiomas, Ostler a menudo recurre al sitio de Google Translate y considera que este representa ese futuro. “Aun cuando no nos guste lo que dice, de inmediato podemos entender lo que nos devuelve o compararlo con lo que sabemos. Sigue necesitando inteligencia constructiva de parte del usuario. Pero la realidad es que es mucho mejor que antes y sin duda continuará mejorando.” ¿Una de las consecuencias de su mayor aceptación será que la gente se volverá más haragana para aprender idiomas? “En eso”, dice Ostler, “hay cierta ironía. Aunque quizá veamos un futuro más multilingüe conforme el inglés comience a retroceder, veremos menos multilingüismo en los individuos.” Las lenguas que más rápido crecen en la Red, señala en el libro, son el árabe, el chino mandarín, el portugués, el español y el francés, en ese orden. “Lo central del crecimiento en Internet”, sugiere, “pasa por la diversidad lingüística, no por la concentración.” Dado lo confuso de muchas traducciones mecanizadas en la actualidad, ¿la lengua común no seguirá estando tan lejos como siempre? Ostler sostiene que “la producción en masa siempre nos da cosas de menor calidad que lo artesanal. Lo mismo pasa con Google Translate. Aun así, no hay duda de que cuantos más datos ingresen, cuantos más idiomas se incorporen, mejor va a ser”.

Los que trabajan en las versiones más avanzadas de los modelos de traducción suelen ser un poco más cautos respecto del futuro. Phil Blunsom, que enseña aprendizaje automático y lingüística en Oxford y participó en la creación de herramientas de traducción de próxima generación, opina: “La mayoría de las dificultades que afrontamos pasan por lo que denominamos ‘ductilidad’. Aun en las combinaciones de palabras más simples, estamos revisando un universo gigantesco de opciones posibles. Para que una computadora pueda entender cómo funciona una oración, tiene que recorrer todas las opciones posibles de una estructura sintáctica entre diferentes palabras y luego deducir cuál es la más probable. Es un problema de computación exponencial, sobre todo cuando las oraciones se vuelven más largas y complejas”.

Andreas Zollmann, que se dedica a la investigación en este campo desde hace mucho y trabaja en Google Translate desde hace un año, sugiere, como Blunsom, que la idea de que pueden introducirse más y más datos para hacer que el sistema sea cada vez mejor probablemente sea una falsa premisa. “Cada vez que se duplicó la cantidad de datos traducidos introducidos, la calidad del resultado mejoró 0,5%”, afirma, pero esa duplicación no es infinita. “Ahora hemos llegado a un límite en el que no hay en el mundo muchos más datos que podamos usar”, reconoce. “Por eso, ahora es mucho más importante sumar otros enfoques y modelos basados en normas.”Allí es donde comienzan los viejos problemas. ¿Zollmann vislumbra algún camino para que esos modelos con el tiempo puedan aprender idiomas tan bien como lo hacen los seres humanos? “Ningún investigador esperaría que llegaran a ser perfectos”, dice. “Los pronombres, por ejemplo, son muy difíciles en algunos idiomas en los que el masculino y el femenino no coinciden. Si alguna vez se resolviera la traducción mecanizada de manera perfecta, tendríamos algo que es artificialmente inteligente. La lengua no es algo independiente de lo que somos.” En consecuencia, hay quienes piensan que, lejos de liberarnos de las barreras lingüísticas, las herramientas de traducción en realidad servirán para reforzarlas. Douglas Hofstadter, autor de Gödel, Escher, Bach: An Eternal Golden Braid , un libro fundamental sobre la conciencia y la inteligencia de las máquinas, así como de varios libros sobre la teoría y la práctica de la traducción, es uno de los críticos más cáusticos del entusiasmo exagerado suscitado por Google Translate. Sostiene que la capacidad de existir dentro de la lengua y de moverse entre lenguas, de entender el tono y la resonancia cultural, los chistes, los juegos de palabras y las expresiones idiomáticas son lo que nos hace más humanos y más individuos (uno de sus libros se basó en pedir a ochenta personas que tradujeran el mismo poema y deleitarse con las ochenta versiones diferentes que obtuvo).

Los modelos estadísticos, dice, comienzan en el lugar equivocado. “No hay ningún intento de crear comprensión y por lo tanto Google Translate está condenado al mismo fracaso eterno. Por supuesto que a veces obtiene buenos resultados pero básicamente es muy tonto. Brinda un servicio de muy baja calidad que siempre producirá algo que no supera mucho el nivel del disparate. Supongo que todos cederemos a las presiones para usarlo en algún momento, pero nunca captará el sabor de las frases.” Hofstadter sugiere que así como parece gustarnos, perversamente, la idea de que el mundo sea cada vez más pequeño, también nos gusta pensar que entender la lengua de algún modo es algo mecánico, otro problema que podemos tercerizar a nuestras pantallas. “Entender el mundo es aquello para lo que tienen habilidad los seres humanos y para lo que no la tienen en lo más mínimo las máquinas. Puede que pronto todos seamos usuarios de Google Translate pero también puede que descubramos que, ahora más que nunca, nos hemos perdido en la traducción.” (c) The Guardian y clarin Traduccion de Elisa Carnelli

martes, 15 de marzo de 2011

Los prefijos: más información

Prefijos, otra vez, y no será la última

Graciela Melgarejo
LA NACION

Lunes 14 de marzo de 2011 | Publicado en edición impresa

Todos los mensajes de los lectores son bienvenidos, pero en el caso específico de los dos que hoy se reproducen, al ser sus autores académicos de la lengua, contribuyen también a "limpiar, fijar y dar esplendor" al idioma de todos.

El doctor Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras (AAL), escribe: "Sobre Fundéu, quiero agregar una importante información. La Academia Argentina de Letras (la única de las 22) trabaja desde el 1º de enero de este año en convenio con la Fundéu. Tenemos un equipo que elabora propuestas (después de una compulsa cotidiana de los diarios argentinos en línea) y las envía a la central. Desde allí, la reenvían a nosotros y a ADEPA y a FOPEA, con quienes la AAL tiene convenio. Ambas entidades reciben diariamente una recomendación como la que le remito. De paso, le comento que está a punto de salir un Diccionario argentino de dudas idiomático , publicado por AAL y Santillana, que estimo será de interés para periodistas y usuarios en general".

Barcia agrega un archivo adjunto, "Prefijos", que reza así: "Fundéu BBVA en la Argentina: los prefijos se escriben unidos a la palabra a la que acompañan. La Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) en la Argentina recuerda que los prefijos se escriben unidos a la palabra que acompañan (antivirus, supermodelo, anteayer, exmarido, sobrealimentar, contraoferta, prepago) . El prefijo irá separado solo si afecta a varias palabras que tienen un significado unitario (ex alto cargo, vice primer ministro, anti pena de muerte, ex chico de los recados, pro derechos humanos, anti copias pirata, super a gusto...) o si afecta a nombres propios formados por más de una palabra (anti Naciones Unidas, pro Barack Obama, pro Asociación Nacional de Educadores) . El prefijo se escribirá con guion cuando la siguiente palabra comience por mayúscula ( anti-ALCA, anti-Mussolini, pro-Obama ) o sea un número ( sub-21, super-8 )".

No está de más recordar aquí que la AAL tiene un Servicio de Dudas Idiomáticas (4802-3814), consultado por muchos estudiantes, investigadores y escritores.

El otro e-mail fue enviado por el doctor José Luis Moure, profesor titular de Historia de la Lengua (FFyL, UBA) y también miembro de la AAL: "Las cuestiones vinculadas con la corrección o incorrección lingüísticas suelen conducir habitualmente al corrector a la desazón de comprobar que sus razones rara vez se imponen sobre el uso, una vez que el empleo de cierta forma léxica o gramatical ha logrado cierta aceptación pública. (?) Hecha esta melancólica salvedad, me permito llamar la atención sobre el vocablo «repitencia», tratado la semana pasada en su columna. Si bien la terminación - ncia es inobjetable, a la hora de escoger la base a la que añadirse lo aconsejable habría sido aplicar el sensato principio de la analogía. Ocurre que el vocablo «repetir» (y por ende, el propuesto «repitencia») en cuestión remiten al verbo latino pétere, que dio en castellano pedir , pero que también está en la base de otros vocablos como appétere y compétere , de los cuales el castellano heredó apetito, inapetente , (in)apetencia, competir, competencia, competente, competición , etc. Adviértase que todos ellos mantuvieron la primera vocal /e/ del verbo latino, de modo que el mecanismo analógico, cuando se requiere estrenar un derivado de «repetir», en armonía con apetencia y competencia , aconseja repetencia y no repitencia ".

Como bien lo dice el académico Moure (por eso lo de la "melancólica salvedad"), los caminos de la lengua que siguen los hablantes no siempre son los más sensatos. A la antigua repetición se superpuso (y ganó la apuesta) repitencia (que ni siquiera "suena" bien), un tecnicismo que busca ser más preciso. El tiempo dirá si se trata de una efímera moda o la palabra ha llegado para quedarse, como es el caso de resiliencia , que de la física saltó a la psicología y ya figura en el DRAE .

© La Nacion

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miércoles, 16 de febrero de 2011

Refutando a la Real Academia

COmparto la opinión de Javier Marias sobre la nueva ortografía.

Besos




Opinión

Refutando a la Real Academia

Javier Marias
Para LA NACION

Lunes 14 de febrero de 2011 | Publicado en edición impresa
Refutando a la Real Academia


MADRID.- No sé si una de las funciones, pero desde luego uno de los efectos y grandes ventajas de la ortografía española era, hasta ahora, que un lector, al ver escrita cualquier palabra que desconociera (si era un estudiante extranjero se daba el caso con frecuencia), sabía al instante cómo le tocaba decirla o pronunciarla, a diferencia de lo que ocurre en nuestra hermana la lengua italiana. Si en ella leemos "dimenticano" ("olvidan"), nada nos indica si se trata de un vocablo llano o esdrújulo, y lo cierto es que no es lo uno ni lo otro, sino sobresdrújulo, y se dice "diménticano". Lo mismo sucede con "dimenticarebbero" ("olvidarían"), "precipitano", "auguro" y tantos otros que uno precisa haber oído para enterarse de que llevan el acento donde lo llevan: "dimenticarébbero", "prechípitano", "áuguro". Del francés ni hablemos: es imposible adivinar que lo que uno lee como "oiseaux" ("pájaros") se ha de escuchar más o menos como "uasó". El inglés ya es caótico en este aspecto: ¿cómo imaginar que "break" se pronuncia "breic", pero "bleak" es "blic", y que "brake" es también "breic"? ¿O que la población que vemos en el mapa como "Cholmondeley" se corresponde en el habla con "Chomly", por añadir un ejemplo caprichoso y extravagante, y hay centenares?
Este considerable obstáculo era inexistente en español -con muy leves excepciones- hasta la aparición de la última Ortografía de la Real Academia Española, con algunas de sus nuevas normas. Vaya por delante que se trata de una institución a la que no sólo pertenezco desde hace pocos años, sino a la que respeto enormemente y tengo agradecimiento. El trabajo llevado a cabo en esta Ortografía es serio y responsable y admirable en muchos sentidos, como no podía por menos de ser, pero algunas de sus decisiones me parecen discutibles o arbitrarias, o un retroceso respecto a la claridad de nuestra lengua. Tal vez esté mal que un miembro de la RAE objete públicamente a una obra que lleva su sello, pero como considero el corporativismo un gran mal demasiado extendido, creo que no debo abstenerme. Mil perdones.
Lo cierto es que, con las nuevas normas, hay palabras escritas que dejan dudas sobre su correspondiente dicción o -aún peor- intentan obligar al hablante a decirlas de determinada manera, para adecuarse a la ortografía, cuando ha de ser ésta, si acaso, la que deba adecuarse al habla. Si la RAE juzga una falta, a partir de ahora, escribir "guión", está forzándome a decir esa palabra como digo la segunda sílaba de "acción" o de "noción", y no conozco a nadie, ni español ni americano (hablo, claro está, de mi muy limitada experiencia personal), que diga "guion". Tampoco que pronuncie "truhán" como "Juan", que es lo que pretende la RAE al prohibir la tilde y aceptar sólo "truhan". De ser en verdad consecuente, esta institución tendría que quitarle también a ese vocablo la h intercalada (¿qué pinta ahí si, según ella, se dice "truan" y es un monosílabo?), lo mismo que a "ahumado", "ahuyentar" y tantos otros. O, ya puestos, y siguiendo al italiano y a García Márquez en desafortunada ocasión, ¿por qué no suprimir todas las haches de nuestra lengua? Los italianos escriben "ipotesi", "orrore", "eresia" y "abitare", el equivalente a "ipótesis", "orror", "erejía" y "abitar". Y dado que la Academia parece inclinada a facilitarles las cosas a los perezosos e ignorantes suprimiendo tildes, no veo por qué no habría de eliminar también las haches. (Dios lo prohíba, con su hache y su tilde.)
En cuanto a "guié" o "crié", si se me vetan las tildes y se me impone "guie" y "crie", se me está indicando que esas palabras las debo decir como digo "pie", y no es mi caso, y me temo que tampoco el de ustedes. Hagan la prueba, por favor. Tampoco digo "guió" y "crió" como digo "vio" o "dio", a lo que se me induce si la única manera correcta de escribirlas es ahora "guio" y "crio" (en la Ortografía de 1999 poner o no esas tildes era optativo, y no alcanzo a ver la necesidad de privar de esa libertad). En cuanto a "riáis" o "fiáis", si yo leo "riais" y "fiais", como ordena la RAE, me arriesgo a creer que he de pronunciar esas formas verbales igual que la segunda sílaba de "ibais", lo cual, francamente, no es así. Y si leo "hui" en vez de "huí", nada me advierte que no deba decir esa palabra exactamente igual que la interjección "huy" (tan frecuente en el fútbol) o que "sí" en francés, es decir, "oui", es decir, "ui". Si un número muy elevado de hablantes percibe todos estos vocablos como bisilábicos con hiato, y no como monosilábicos con diptongo, ¿a santo de qué impedirles la opcionalidad en la escritura? La RAE parece tenerle pánico a la posibilidad de elegir en cuestión de tildes (que es algo menor y que no afecta a la sacrosanta "unidad de la lengua"). Pero es que además es incongruente en eso, porque sí permite dicha opcionalidad en "periodo" y "período", "policiaco" y "policíaco", "austriaco" y "austríaco" (yo siempre las escribo sin tilde), lo mismo que en "alvéolo" y "alveolo", "evacúa" y "evacua" y otras más. ¿Por qué no permitir que cada hablante opte por "truhán" o "truhan", como aún puede hacerlo (por suerte) entre "solo" y "sólo", "este" y "éste", "aquel" y "aquél"? La posibilidad de seguirles poniendo tildes a estas palabras no es para mí irrelevante. ¿Cómo saber, si no, lo que se está diciendo en la frase "Estaré solo mañana"? Si se la escribe en un mail un hombre a su amante, la diferencia no es baladí: sin tilde significa que estará sin su mujer; con tilde que mañana será el único día en que estará en la ciudad. No es poca cosa, la verdad. Por menos ha habido homicidios.
Además hay algunas objeciones que quisiera hacer a las nuevas normas de la reciente Ortografía de la Real Academia Española y de las otras veintiuna, sobre todo americanas, que la han acordado por unanimidad.
a) Mayúsculas y minúsculas. En realidad no entiendo por qué tal cosa ha de ser regulada, ya que, a mi parecer, pertenece al ámbito estilístico personal de cada hablante -o, mejor dicho, de cada escribiente-. Habrá ateos que escriban siempre "dios" deliberadamente, y todo creyente optará por "Dios", por poner un ejemplo extremo. Según la RAE, supongo, habría que escribirlo en toda ocasión con minúscula, ya que ha decidido que todos los nombres que sean comunes ("rey", "papa", "golfo", "islas", etc.) han de ir así obligatoriamente aunque formen parte de lo que para muchos hablantes funciona como nombre propio. Así, "islas Malvinas", "papa Benedicto", "mar Mediterráneo" o "rey Juan Carlos". E, igualmente, al referirse a un rey concreto, omitiéndole el nombre, habría que escribir "el rey" y nunca "el Rey". Yo no pienso seguir esta norma, porque considero que algunos títulos y nombres geográficos funcionan como nombres propios y topónimos, o son sustitutivos de ellos. Cuando en España decimos "el Rey" -y dado que sólo hay uno en cada momento-, utilizamos esa expresión como equivalente de "Juan Carlos I", algo a lo que casi nadie recurre nunca. De la misma manera, "Islas Malvinas" funciona como un nombre propio en sí mismo, equivalente a "República Democrática Alemana", que era el oficial del territorio también conocido como Alemania Oriental o del Este. Según las últimas normas, deduzco que nos tocaría escribir "la república democrática alemana", con lo cual no sabríamos bien si se habla de un país o de qué. Si yo leo "el golfo de México", ignoro si se trata de una porción de mar o de un golferas mexicano -tal vez del golferas por antonomasia, ¿acaso Cantinflas?-. Y si leo "príncipe de Gales", dudo si se me habla del tejido así llamado o del heredero a la corona británica.
b) Zeta. La RAE ha decidido que el nombre de esa letra se escriba sólo con c, porque con ésta se representa ese sonido -en parte de España- antes de e y de i. Siempre me pareció tan adecuado que el nombre de cada letra incluyera la letra misma que durante largo tiempo creí que la x se escribía "equix", aunque todos digamos "equis" y así se escriba de hecho. Pero es que además el reciente Diccionario panhispánico de dudas, de la misma RAE, valida grafías como "zebra" (aunque la juzga en desuso), "zinc" o "eczema". Y, desde luego, no creo que se oponga a que sigamos escribiendo "Ezequiel" y "Zebulón". No veo, así pues, por qué "zeta" pasa a ser ahora una falta. No está mal que haya algunas excepciones o extravagancias ortográficas en las lenguas, y en español son tan pocas que no veo necesidad de suprimirlas.
c) Qatar. La RAE decide que este país y sus derivados -"qatarí"- se escriban con c. El origen de esa peculiar grafía -aceptada en casi todas las lenguas- está, al parecer, en la recomendación de arabistas, que distinguen dos clases diferentes de fonema k en árabe. Por eso, arguyen, se escribe "Kuwait" y se escribe "Qatar", pese a que nosotros percibamos el fonema en cuestión de una sola manera. La representación gráfica de las palabras -eso lo sabe cualquier poeta- tiene un poder evocativo y sugestivo que las nuevas normas desdeñan. Si yo leo "Qatar", en seguida se me sugiere un lugar exótico y lejano. Si leo "Catar", en cambio, lo primero que me viene a la imaginación es una cata de vinos. Pero es que además, para ser consecuente, la RAE tendría que condenar la ortografía "Al Qaeda" y proponer "Al Caeda" o quizá "Al Caida" o quién sabe si "Al Caída". Los internautas iban a tener graves problemas para encontrar información sobre esa organización terrorista, desconocida en el resto del mundo, y de la que lamentablemente hoy se habla a diario.
d) Ex. Decide la RAE que no se separe ese prefijo del vocablo que lo acompañe, y que se escriba "exmarido", etc. Sin embargo, y dado que en español hay numerosas palabras largas que empiezan por "ex" sin que esa combinación sea un prefijo, un estudiante primerizo de nuestro idioma puede verse en dificultades para saber si "exayuntamiento" es un vocablo en sí mismo o si "exacerbación" o "execración" se componen de dicho prefijo y de las inexistentes "acerbación" y "ecración".
e) Adaptaciones. Las grafías "mánayer" o "pirsin", que la RAE propone, son tan irreconocibles como lo fue "güisqui" en su día (fea y además mal transcrita, como si escribiéramos "güevos"). En cuanto a "sexi", es directamente una horterada, siento decirlo.
En la Academia hay quienes consideran que discutir y objetar a estas cosas es perderse en minucias. Puede ser. Pero habrá de concedérseme que también lo es, entonces, dictaminar sobre ellas y aplicarles nuevas normas. Si la Ortografía se ha molestado en mirarlas, no veo por qué no debamos hacerlo quienes estamos en desacuerdo con sus modificaciones.
Termino reiterando que mis modestas objeciones no me impiden reconocer el gran trabajo que, en su conjunto, supone la nueva Ortografía, obra admirable en muchos sentidos. Habría sido redonda si no hubiera querido enmendar lo que quizá ya estaba bien, desde su versión de 1999. Porque para mí nuestra lengua es ahora un poco menos elegante y menos clara.
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