martes, 23 de diciembre de 2008
La palabra, en muchas lenguas
» Inglés. Las artes y otras manifestaciones del logro intelectual humano considerado colectivamente. Un entendimiento refinado o apreciación de ello. / Las ideas, costumbres y comportamiento social de una gente o sociedad particular. Las actividades y comportamiento característico de un grupo social particular. (Oxford English Dictionary).
» Francés. Conjunto de conocimientos que enriquecen el espíritu, afinan el gusto y el espíritu crítico. / Conocimientos en un campo particular. Por ejemplo: Ella tiene una vasta cultura médica. / Conjunto de fenómenos materiales e ideológicos que caracterizan a un grupo étnico o una nación, una civilización por oposición a otro grupo a otra nación. Por ejemplo, la cultura occidental. / En un grupo social, conjunto de signos característicos (lenguaje, gestos, indumentaria) que le diferencian de otro grupo social. Por ejemplo, cultura obrera, cultura burguesa. (Larousse).
» Ruso. Nivel de desarrollo de la sociedad, de las fuerzas creativas y las capacidades del hombre, expresado en los tipos y formas de organización de la vida y las actividades de las personas, de sus relaciones y también expresado en los valores materiales y espirituales creados por ellas. (Gran diccionario enciclopédico).
» Italiano. Conjunto de conocimientos, tradiciones, procedimientos técnicos, tipo de comportamiento y similares, transmitidos y usados sistemáticamente, característico de determinado grupo social, de un pueblo, de un grupo de pueblos o de toda la humanidad. / Patrimonio de conocimientos del que es culto: tener, no tener cultura; una persona de escasa, de gran cultura; hacerse, formarse una cultura; propio de la cultura es provocar nuevas ideas..., formar una clase de ciudadanos más educada y cívica. (Diccionario Zingaretti).
(El País, Sección Cultura, Edición impresa, 21/12/2008)
Cultura de diccionario
La Real Academia Española (RAE) no es ajena a ninguna de sus transformaciones, aunque no por eso tiene la obligación de contemplarlas todas. Unas quedan, otras las volatiliza el tiempo. Pero el hecho es que las actuales definiciones de la palabra están siendo matizadas en largos debates dentro de sus comisiones, muy concurridos y activos en lo que se refiere a un término sobre el que caben muchos colores.
Incluso, ganará una nueva acepción la palabra en el próximo Diccionario. La que tiene que ver con toda aquella actividad que gira en torno a un elemento: "cultura del vino", "cultura de la violencia"...
Ésa es la aportación que más discusiones genera. En los demás hay gran acuerdo, aunque según Víctor García de la Concha, director de la RAE, "cambiarán bastante". Ganarán matices. "Se enriquecerán porque trataremos de recoger nuevos usos actuales", anuncia.
El nuevo concepto está en plena ebullición. Quedan sesiones en la sede de Madrid y luego su posterior traslado a las 22 academias del español en el mundo para sus pertinentes discusiones y sugerencias. No sólo están reinventando la definición de "cultura". "También estamos discutiendo el término 'civilización", asegura García de la Concha.
La definición fijada en la 22ª edición del Diccionario de la Real Academia Española dice: "Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico". En su segunda acepción: "Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etcétera". Son las más amplias y a ellas, probablemente se incorporen otras de acuerdo con un debate que quiso introducir Claudio Guillén antes de morir en enero de 2007. "Hemos retomado el trabajo que él mismo empezó y que era interesantísimo", comenta García de la Concha, no sin nostalgia de su compañero.
Definir los nuevos campos está resultando un proceso más complejo de lo esperado. El académico y psiquiatra Carlos Castilla del Pino ha redactado una propuesta para explicar el significado de la palabra cuando va referida a las costumbres y características de un colectivo. "En este caso no hablamos del conocimiento, sino del conjunto del sistema de conductas que caracterizan a un grupo", explica el académico.
Castilla del Pino lo ilustra con ejemplos: cultura del alcohol, cultura de la droga, cultura de Hollywood o cultura andaluza. "Cuando se habla de la cultura andaluza no se refiere al conocimiento que tienen los andaluces sobre los libros, sino si el flamenco o el vino forman parte de sus costumbres, es en un sentido de antropología cultural".
Hay un libro que inspiró al académico, cuyo título usa la palabra con esta vertiente antropológica. Fue publicado a comienzos del siglo XX, lo que da idea de las raíces que tiene este uso del término cultura. Se trata de la obra Cultura femenina, escrita por el filósofo y sociólogo alemán Georg Simmel (1858-1918). "Es una colección de ensayos en los que se abordan las costumbres que caracterizaban a las mujeres, no se refiere al conocimiento que pudieran tener", aclara.
La definición redactada por Castilla del Pino, consensuada con Salvador Gutiérrez y José Antonio Pascual, y también asumida posteriormente por Emilio Lledó y el arquitecto Antonio Fernández Alba, está pendiente de discutirse en un próximo pleno. En la primera ocasión que se abordó el debate sobre la palabra, los académicos se enzarzaron a propósito del significado de distintas acepciones. Incluida la principal. La que se define en el Diccionario como conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico. Castilla del Pino cree que obedeció a un "equívoco". "Unos hablaban del caballo como sinónimo de heroína y otros del animal", comparó.
No parece haber desacuerdo sobre la necesidad de incorporar una nueva definición, que está en muchas bocas por múltiples razones. Se habla de "cultura de la prevención o cultura de la empresa", cita el académico Francisco Rico, como "una línea de conducta". Pero sí hay más controversia sobre los ejemplos que podrían acompañarla. El escritor Luis Goytisolo, por ejemplo, defiende la restricción de los mismos a los que tengan una vocación más duradera: "A veces se le reprocha a la RAE que no recoja con demasiada rapidez, pero hay acepciones que a los cinco años se pierden". La cautela a la hora de incorporar novedades, añade, impediría que ocurra algo que a veces sorprende a los propios académicos: "A veces revisamos en comisión acepciones que nadie entiende, y esto ocurre porque fueron incluidas con rapidez y luego cayeron en desuso".
Goytisolo planteó una definición para la nueva acepción de cultura hace unos meses, consciente de que circula por doquier. "Tiene muchas acepciones, unas positivas y otras negativas; aunque sea un sinsentido en la mayor parte de los casos, es un hecho que está en la calle". Dicho lo cual, distingue entre "cultura del vino", que se refiere a una tradición mediterránea arraigada, frente a otras como "cultura de la droga", que no debería incorporarse a su juicio porque corresponde a una actividad marginal. "Hace años se hablaba mucho de filosofía de la empresa y ahora se usa mucho menos. Con cultura pasa algo similar, ahora se usa a veces de forma disparatada para decir cultura del botellón, que no tiene nada de cultura y que probablemente desaparecerá en unos años", reflexiona. Precisamente para distinguir entre unos usos y otros, el escritor, que ocupa el sillón C, considera "fundamental" que la nueva acepción vaya acompañada de ejemplos: "No creo que se puedan listar todos los casos donde se usa esta palabra, tendríamos que buscar los que van a pervivir".
Pero nunca a espaldas de la sociedad. Del hablante común y creativo, que es quien en definitiva reinventa e inventa la lengua, guste o no. Arturo Pérez-Reverte hace hincapié en esto: "La RAE debe hacer compatibles los usos", comenta el creador de Alatriste. "Aunque la palabra haya sido mal utilizada en los últimos tiempos. Hasta ahora, decir 'cultura de la violencia' o 'de la droga' es una incorrección, pero la Academia acepta los usos generales, por eso hay que compatibilizar. Estamos para aceptar realidades y que congenien las acepciones nobles con usos bastardos", comenta Pérez-Reverte.
Un deber de la Academia para él es conciliar. "Debemos recoger las variantes nuevas, registrar sus usos, es lo que estamos haciendo, ni más ni menos", añade el autor.
Aunque a veces se corra el riesgo de abaratar, de vulgarizar demasiado ciertos términos relacionados con la excelencia. "Usar una palabra así como comodín tiene sus riesgos", advierte Antonio Muñoz Molina, que antes que nada, avisa, no ha sido muy activo en los debates. Para el autor de Plenilunio, los conceptos de cultura más válidos son a su vez antitéticos: "Uno se refiere a la educación, a la formación y a algo que nos construye y otro tiene que ver con el punto de vista antropológico".
Sí se ha metido a fondo en el meollo el novelista Álvaro Pombo, por ejemplo. Aunque comienza a explayarse regateando: "Mi posición en esto es nula. Para mí es un asunto anticuado que ha acabado en una cuestión léxica". Más le hubiese gustado participar en los debates que hubo sobre el término en Europa en la etapa de entreguerras. Aunque lo de ahora, en plena época de la posmodernidad, también requiere una más que necesaria discusión. "Aunque sólo sea porque el Diccionario... es un acta notarial", asegura el autor de Entre las mujeres.
En ese sentido, a Pombo le parece muy interesante la nueva acepción que quiere incorporar la cultura como algo que gira en torno a un elemento determinado. "En ese aspecto, más que un concepto, pasa a ser un campo semántico, algo que curiosamente traspasa el lema de la propia Academia. Ya no debemos sujetarnos a limpiar, fijar y dar esplendor, sino a ampliar la lengua y sus usos".
Como tal, dentro del debate, algunos sabios de la lengua quieren aprovechar para introducir más matices. Es el caso del filósofo Emilio Lledó. "Para mí, una idea muy fecunda en este caso es la que aplicaban al término los griegos. Tenía que ver con la actividad, con el movimiento, con la acción. Sé que es difícil encerrar eso en una definición, pero deberíamos encontrar la forma de destacarlo. Más en estos tiempos, cuando necesitamos como nunca dejar de deambular y buscar derroteros".
(Texto aparecido en El País, Sección Cultura, edición impresa, 21/12/2008).
jueves, 18 de diciembre de 2008
viernes, 5 de diciembre de 2008
El hombre que tradujo a Borges
Jueves, 4 de diciembre de 2008
UNA CHARLA IMPERDIBLE CON DONALD YATES
El hombre que tradujo a Borges
Escritor, doctor en Letras especializado en lengua española, experto en literatura policial y miembro de la Mystery Writers of America, Yates contó en el auditorio de la UCA sabrosos detalles de su larga relación con el autor de El Aleph.
Por Silvina Friera
El amigo norteamericano de Borges, Donald Yates, traductor del primer libro del escritor argentino editado en lengua inglesa en 1962, ingresa al auditorio de la Universidad Católica Argentina con un andador. Aunque al principio se desplaza lentamente, la impaciencia parece darle un empujoncito en la espalda y pronto aumenta la velocidad de sus movimientos, llega hasta la mesa y se desploma sobre una de las sillas como si estuviera en su casa. “Me considero un visitante insistente o compulsivo, este es mi viaje número diecisiete”, dice el traductor, emocionado, porque acaban de nombrarlo Huésped de Honor de la Ciudad de Buenos Aires. Escritor, doctor en Letras especializado en lengua española, experto en literatura policial y miembro de la Mystery Writers of America, Yates ha traducido también a Marco Denevi (Rosaura a las diez), Manuel Peyrou (El estruendo de las rosas), Adolfo Bioy Casares y Rodolfo Walsh. Actualmente está escribiendo una memoria biográfica sobre los quince años de amistad que mantuvo con el autor de El aleph, con apoyo de una beca Guggenheim. Nacido en Massachusetts, Estados Unidos, en 1930, estudió en Ann Arbor High School, donde aprendió español, y se graduó en la Universidad de Michigan en 1951. Allí tuvo como profesor a Enrique Anderson Imbert, quien apadrinó su tesis doctoral The Argentine Detective Story (1960). “Mi interés por la lengua española fue fortuito, casual. En Ann Arbor ofrecían cursos de francés, español o latín. No sé por qué razón elegí el español, pero me cambió la vida. De haber aprendido francés no sé adónde habría ido a parar”, confesó Yates durante la entrevista abierta con el escritor Juan José Delaney.
Autor de numerosas ficciones detectivescas, Yates no se cansa de agradecerle a Anderson Imbert el hecho de haberle permitido descubrir a Borges, cuando el profesor le dio a leer el cuento “La muerte y la brújula” en 1954. Tan deslumbrado quedó con la originalidad de ese cuento “estupendo” que se le ocurrió traducirlo al inglés. “Le pedí la dirección de Borges y le escribí para que me diera la autorización. Borges me autorizó a traducir todos los cuentos que considerara convenientes”, recuerda. Con James Irby, otro graduado de Michigan, preparó una antología de textos de Borges. Después de padecer varios rechazos por parte de los editores –quién se iba a aventurar, entonces, a publicar a un escritor argentino desconocido–, Yates consiguió que Labyrinths. Selected Writings se publicara en la editorial New Directions, en 1962, con prólogo de André Maurois. Ese mismo año, gracias a que Anderson Imbert lo ayudó a conseguir una beca de la Comisión Fulbright, viajó a Buenos Aires por primera vez. “Creo que llegué un domingo y el lunes fui directamente a la Biblioteca Nacional, sin cita. Borges estaba en su despacho: ‘Ah, Yates, sé muy bien quién es... usted ha traducido mis cuentos al inglés y puedo decir, sin dudas, que ha mejorado el original’”, cuenta el traductor y autor de Marco Denevi: An Argentine Anomaly (1962), La novela policial en las Américas (1963), Antología del cuento policial latinoamericano (1964) y Latin Blood: The Best Crime Stories of Spanish America (1972).
En el segundo viaje de Yates a Buenos Aires, en 1965, le propuso a Borges hacer una biografía con el título Viaje mágico y empezó a recoger datos en las largas caminatas que hacían juntos por la ciudad. “Mi intención era que este libro estuviera listo para 1999, año en que se festejó el centenario de Borges”, explica Yates. “Pero no tenía tiempo para examinar todo el material y llegar con los plazos, y precisamente ese año salieron muchos libros sobre Borges. Me sorprende que haya dos biografías escritas por personas que jamás lo vieron ni lo conocieron”, ironiza el traductor. “Me di cuenta de que los hechos de su vida y de su carrera literaria eran demasiado conocidos y que otro libro que se ocupara de lo mismo sería innecesario. Cambié el enfoque y decidí hacer una memoria biográfica con la información que reuní en esos quince años de amistad.” A medida que afianzaba su amistad con el escritor argentino, Yates fue entablando relaciones con varias instituciones educativas. En el país, enseñó literatura norteamericana en la Universidad de Buenos Aires, en el Lenguas Vivas, en la Universidad Kennedy y en la Universidad de La Plata, entre otras.
“No quiero adelantar mucho sobre esta memoria porque puede perjudicar la venta del libro”, bromea el traductor. Pero se anima a revelar algunos hallazgos sobre el viaje de Borges a Europa en 1914. “En Ginebra, el padre llevó al pobre Georgie a un colegio calvinista y tuvo que seguir clases totalmente en francés o latín, sin saber ninguno de los dos idiomas. Pero los aprendió por su cuenta, también el alemán. Borges era un genio para absorber idiomas, no sólo hablados, sino escritos”, subraya Yates. “Si el padre de Borges se hubiera radicado en Francia o en Inglaterra, y no en España, como lo hizo en 1921, Borges podría haber sido un escritor francés o inglés. El primer texto de Borges como crítico fue una reseña escrita en francés sobre tres libros editados en España, que se publicó en el diario ginebrino La Feuille. El padre fue el responsable de que Borges escribiera en español de una forma totalmente singular.”
Delaney, el coordinador, le pregunta a Yates si Borges fue un desdichado. “Sí, fue un gran desdichado”, responde el amigo americano. “Cuando vine en septiembre de 1975, me dijo: ‘Yates, me hace el favor de llevarme a La Nación que tengo que entregar un poema...’ Era ‘El remordimiento’, en el que dice que ha cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer: no haber sido feliz. En sus poemas hay mucha desesperación, ‘me duele una mujer en todo el cuerpo’ (‘El amenazado’)”, ejemplifica. “De la miseria y la infelicidad surge la literatura; la gente que vive feliz no escribe cosas interesantes”, plantea Yates. Su afecto por Anderson Imbert no le impide confesar que su profesor se sentía rival del autor de Ficciones. “Aunque escribió cuentos fantásticos mucho antes que Borges, no tuvo su fama ni su valor. Pero Anderson Imbert era una persona de tanta humanidad e inteligencia que pudo ‘perdonarlo’ a Borges.”
Cuando Yates escribía su trabajo sobre el relato policial argentino, tradujo a Walsh al inglés. “Rudy (así lo llama al autor de Operación masacre) me ayudó muchísimo con mi tesis, y a partir de 1962 compartimos una larga amistad que duró hasta su muerte.” La traducción de Rosaura a la diez, “esa obra genial con cinco voces diferentes”, la hizo de noche, cuando regresaba a su casa después de dar clases. “Francamente no recuerdo que haya sido una experiencia difícil traducir esas voces, Rosaura, Milagros Ramoneda, David Reguel, Camilo Canegato, Eufrasia Morales, ¡qué lindo nombre para una maestra jubilada!”, admite. Sobre el arte de la traducción y el famoso lema italiano “traduttore, traditore”, Yates objeta el concepto de traición. “No es cierto que el traductor sea un traidor, aunque como traductor sé que he arruinado a algún autor.”
Fuente: Página 12. Dirección URL: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-12172-2008-12-04.html
lunes, 1 de diciembre de 2008
Premian el buen uso del idioma
En reconocimiento de la defensa del buen uso del idioma, la Academia Argentina de Letras entregó una distinción a la periodista Lucila Castro, por su columna "Diálogo semanal con los lectores", que publica todos los lunes, desde hace una década, en LA NACION.
El presidente de la academia, Pedro Luis Barcia, celebró "la defensa de la corrección y la claridad de nuestra lengua" que Lucila Castro realiza todas las semanas. Agradeció a la periodista y profesora en Letras por "la labor esclarecedora, sapiente y ejemplar que responde a las inquietudes de los lectores".
"El «Diálogo semanal con los lectores» no nació para defender la lengua, sino para defender a los lectores", explicó Castro, al recibir la distinción.
Durante el encuentro, realizado en el Palacio Errázuriz, la Academia de Letras rindió homenaje al poeta Juan Ramón Jiménez, a 50 años de su muerte, y a la autora María Elena Walsh, por su "trayectoria vital y creativa". También recibió un premio el narrador Pablo De Santis.
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1076056&pid=5456120&toi=6381
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